Viejo olor a a humedad, imágenes gastadas de hojas viejas y polvorientas que atesoraban historias de lejanos países, de lejanas costumbres, conduciéndome a mundos lejanos.
Allí sentada en ese cálido y trastornado tapete, con la luz y calor solar abrazándo el momento lleno de cantos, rimas, figuras colores.
Cálido y casi clandestino lugar donde el mundo real y sus personas circundantes pasaban a otra dimensión lejos de mi cabeza.
Frente a mí el estante donde habitaban esos seres mágicos, frente a mí como diversas ventanas de mundos posibles e imposibles los libros. Historias que me sedujeron a recorrerlas una vez tras otra. Libros que con su delicioso y penetrante olor a humedad , a tinta, a polvo, simplemente a hoja inventaban cobijar en ocasiones mi tristeza, angustia , miedo y soledad.
Letras ensortijadas que acompañaron calladamente mi existir infante, sin que hubiesen sospechas adultas de su existencia.
Aún las vuelvo a encontrar mi vivir afanado y adulto , revuelo al sitio polvoriento , a la nostalgia y al amor.
Letras ensortijadas que acompañaron calladamente mi existir infante, sin que hubiesen sospechas adultas de su existencia.
Aún las vuelvo a encontrar mi vivir afanado y adulto , revuelo al sitio polvoriento , a la nostalgia y al amor.
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